[Version 03 Ash Wednesday Homily: Entering God’s Reward, English]
Do you belong to any rewards programs? Whether it’s a store like
Staples or an airline like United, many of us are familiar with how these
programs work. We sign up, make purchases, accumulate points, and eventually
redeem them.
Recently, I went to Staples, the office supply store, knowing I
had a Staples reward card. I made a purchase, and they told me I had $10 in rewards.
Then I realized I hadn’t bought everything I needed, so I picked up another
item for $17 and asked, “Can I use my reward points now?” The representative
said, “Sorry, no, you have to wait until it processes in the system.”
Sometimes, you do not get your rewards right away. Our faith
journey is similar. God’s rewards do not come instantly; they require patience,
trust.
It is tempting to view Lent as a transaction: we give up
something—chocolate, social media, or meat on Fridays—and in return, we celebrate
with Easter feasts. But Jesus is not asking, “What’s in your wallet?” like a
credit card company. He is asking, “What’s in your heart?”
One of the “rewards” of fasting, sacrifice, and prayer during
Lent is discovering our true priorities. In moments of crisis, we can ask God:
“Lord, show me what is most important.”
Worldly Rewards vs. God’s Rewards
This time of year is also “award season” in Hollywood—the
Oscars, the Grammys, the Emmys. Many of us enjoy watching these ceremonies, not
just for the glamour, but for the acceptance speeches. The best speeches are
filled with humility and gratitude.
True love and faith are not transactional; they are
transformative. Jesus tells us, “Love your enemies. Pray for those who
persecute you.”
Structure of God’s Rewards Program: Declaration, Denial, Delight
Declaration To
join a rewards program, you must sign up. Similarly, we declare our faith
publicly. Receiving ashes today is one way of saying, “I belong to God.”
Denial Any
rewards program involves sacrifice. If you want airline miles, you need to take
multiple flights. Likewise, Lent calls us to deny ourselves. Jesus says, “If
anyone wants to follow me, let him deny himself, take up his cross, and follow
me.”
Delight The true delight is
not an earthly prize—it is aligning our hearts with God’s love. God loves the
poor, the outcast, the broken. Do we love what He loves?
Unlike a retail store or airline rewards program, God’s program
does not have a database where we can check our points. The true reward is a transformed
heart and eternal life with Him.
The ashes we receive today remind us that earthly things pass
away, but our souls are made for something greater.
So as we begin this Lenten season, let us
embrace God’s invitation. Let us declare our faith, deny ourselves for the sake
of the Gospel, and delight in what God delights in. The journey may require
patience, but the ultimate reward is beyond anything we can imagine.
[Ver. 03 Ash Wednesday Homily: Entering God’s Reward, Spanish]
¿Pertenece a algún
programa de recompensas? Ya sea en una tienda como Staples o en una aerolínea
como United, muchos estamos familiarizados con cómo funcionan estos programas.
Nos inscribimos, realizamos compras, acumulamos puntos y, eventualmente, los
canjeamos por descuentos o beneficios.
Recientemente, fui a
Staples con mi tarjeta de recompensas. Compré algo y me informaron que tenía
$10 acumulados. Luego, me di cuenta de que me faltaba algo y compré otro
artículo por $17. Pregunté si podía usar mis puntos, y el empleado respondió:
“Lo siento, debe esperar hasta que el sistema lo procese.”
A veces, las
recompensas no llegan de inmediato. Hay que esperar. De alguna manera, nuestra
vida de fe es similar. Las recompensas de Dios no son automáticas; requieren
fe, paciencia y confianza.
Es tentador ver la
Cuaresma como una transacción: dejamos el chocolate, reducimos el uso de redes
sociales o evitamos la carne los viernes, y a cambio celebramos en Pascua. Pero
Jesús no nos pregunta: “¿Qué hay en tu billetera?” Nos pregunta: “¿Qué hay en
tu corazón?”
Una de las
“recompensas” del ayuno, el sacrificio y la oración en Cuaresma es descubrir
nuestras verdaderas prioridades. En los momentos de crisis, podemos pedir a
Dios: “Señor, muéstrame qué es lo más importante.”
En esta época también
es la "temporada de premios" en Hollywood—los Oscar, los Grammy, los
Emmy. A muchos nos gusta ver estas ceremonias, no solo por el glamour, sino
también por los discursos. Los mejores están llenos de humildad y gratitud.
El verdadero amor y la
verdadera fe no son transacciones; son transformaciones. Jesús nos dice: “Amen
a sus enemigos. Oren por quienes los persiguen.”
La estructura del
programa de recompensas de Dios: Declaración, negación y deleite
Declaración. Para unirse a un programa de recompensas, hay
que registrarse. De manera similar, declaramos nuestra fe públicamente. Recibir
la ceniza hoy es una forma de decir: “Yo pertenezco a Dios.”
Negación Todo
programa de recompensas requiere sacrificio. Para acumular millas, hay que
viajar varias veces. De manera similar, la Cuaresma nos llama a negarnos a
nosotros mismos. Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a
sí mismo, tome su cruz y sígame.”
Deleite El verdadero gozo no es un premio terrenal—es
alinear nuestro corazón con el amor de Dios. Dios ama a los pobres, a los
marginados, a los quebrantados. ¿Amamos nosotros lo que Él ama?
A diferencia de los
programas de recompensas comerciales, el programa de Dios no tiene una base de
datos para consultar nuestros puntos. La verdadera recompensa es un corazón
transformado y la vida eterna con Él.
Las cenizas que
recibimos hoy nos recuerdan que lo terrenal es pasajero, pero nuestra alma está
hecha para algo mayor.
Al comenzar esta
Cuaresma, aceptemos la invitación de Dios. Declarémonos como sus hijos,
neguémonos por el Evangelio y encontremos gozo en lo que Dios ama. La
recompensa final es inimaginable. Amén.
No comments:
Post a Comment